sábado, 11 de febrero de 2012

QUE SE LLAMA SOLEDAD (Joaquin Sabina)

Algunas veces vuelo y otras veces me arrastro demasiado a ras del suelo, algunas madrugadas me desvelo y ando como un gato en celo patrullando la ciudad en busca de una gatita, a esa hora maldita en que los bares a punto están de cerrar, cuando el alma necesita un cuerpo que acariciar. Algunas veces vivo y otras veces la vida se me va con lo que escribo; algunas veces busco un adjetivo inspirado y posesivo que te arañe el corazón; luego arrojo mi mensaje, se lo lleva de equipaje una botella…, al mar de tu incomprensión. No quiero hacerte chantaje, sólo quiero regalarte una canción. Y algunas veces suelo recostar mi cabeza en el hombro de la luna y le hablo de esa amante inoportuna que se llama soledad. Algunas veces gano y otras veces pongo un circo y me crecen los enanos; algunas veces doy con un gusano en la fruta del manzano prohibido del padre Adán; o duermo y dejo la puerta de mi habitación abierta por si acaso se te ocurre regresar; más raro fue aquel verano que no paró de nevar. Y algunas veces suelo recostar mi cabeza en el hombro de la luna y le hablo de esa amante inoportuna que se llama soledad.

2 comentarios:

  1. Algunas veces vuelo
    y otras veces
    me arrastro demasiado a ras del suelo,
    algunas madrugadas me desvelo
    y ando como un gato en celo
    patrullando la ciudad
    en busca de una gatita,
    a esa hora maldita
    en que los bares a punto están de cerrar,
    cuando el alma necesita
    un cuerpo que acariciar.
    Algunas veces vivo
    y otras veces
    la vida se me va con lo que escribo;
    algunas veces busco un adjetivo
    inspirado y posesivo
    que te arañe el corazón;
    luego arrojo mi mensaje,
    se lo lleva de equipaje
    una botella…, al mar de tu incomprensión.
    No quiero hacerte chantaje,
    sólo quiero regalarte una canción.
    Y algunas veces suelo recostar
    mi cabeza en el hombro de la luna
    y le hablo de esa amante inoportuna
    que se llama soledad.
    Algunas veces gano
    y otras veces
    pongo un circo y me crecen los enanos;
    algunas veces doy con un gusano
    en la fruta del manzano
    prohibido del padre Adán;
    o duermo y dejo la puerta
    de mi habitación abierta
    por si acaso se te ocurre regresar;
    más raro fue aquel verano
    que no paró de nevar.
    Y algunas veces suelo recostar
    mi cabeza en el hombro de la luna
    y le hablo de esa amante inoportuna
    que se llama soledad.

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